viernes, 6 de febrero de 2015

Colombia al espejo

Existen ejercicios de auto-reconocimiento como mirarse al espejo y ver qué aspectos positivos y negativos se encuentran en la persona, cómo mejorarlos, qué cambiar, qué dimensiones de la vida se encuentran conectadas, en fin, una serie de preguntas que surgen tras ver una imagen de sí. Colombia se ha planteado el ejercicio varias veces, el problema radica en que lo ha realizado con un espejo distorsionado que sólo nos ha permitido ver lo que consideramos mejor.

¿Cómo se ve Colombia? El país del Sagrado Corazón se ve como uno de los países más felices del mundo, también uno con las mujeres más bellas, con abundante comida, agua, fauna y flora,  el país de la gente emprendedora y soñadora, exportador de café, que se posiciona a nivel internacional, con una economía en crecimiento, una baja inflación envidiable por otros países, entre otras cosas.

Ahora la pregunta es ¿qué no ve? Lo primero es que mientras somos de los países más felices del mundo, se le priva de la felicidad de la vida a unos niños en el Caquetá; Mientras creemos tener las mujeres más bellas, muchas de estas se someten a cirugías en centros médico de dudosa categoría poniendo en peligro su vida, sin contar las mujeres que caen en la trata de blancas gracias a oportunidades falsas de empleo, y aun peor, considerar que tenemos las mujeres más bellas mientras muchas son víctimas de abuso y violencia dentro y fuera de sus hogares; ahora con la comida, agua, fauna y flora, ¡No estamos en el paraíso! Lamentablemente el cambio climático, la paupérrima planificación de la industria, la crisis del agro colombiano, el privilegio a actividades de alto impacto ambiental ha ido agotando esos recursos que nos situaban como un Jardín del Edén; y completamos con un conflicto armado prolongado que ha sobrepasado los límites de la barbarie.   

Se está tapando el sol con un dedo, detrás de nuestra fantasiosa realidad hay un problema social, psicológico, político y económico de todo lo que nos negamos a ver. La lamentable masacre de los niños en Caquetá es una muestra de ello. De ahí surgen preguntas como las siguientes ¿Quién en su mente realiza un acto tan atroz? ¿Dónde estaba la seguridad que debe brindar un Estado? ¿Por qué la causa de ese crimen era la disputa de unas tierras? Entre otras preguntas que sugieren que la indiferencia está llenando nuestros corazones y  que es falso que seamos uno de los países más felices del mundo.

Colombia, empieza a re-pensarte.